La Luna.

Incertidumbre, soledad y miedo no irrumpen de golpe. Se deslizan lentamente, encuentran grietas, aprovechan cualquier fisura para instalar la duda y nublar la claridad.
Cuando no sabemos quiénes somos, cuando no habitamos nuestro propio interior, cualquier sombra parece más grande de lo que es.
La verdadera protección no está fuera. Está en la introspección. En conocerse con honestidad. En saber qué nos sostiene, qué nos calma, qué nos hace sentir en casa dentro de nosotros mismos. Ese es el escudo.
La Luna nos habla de intuición, pero también de lo que se esconde. Nos susurra que no todo lo que brilla es verdad y que no todo lo que asusta es real. Advierte de peligros que prefieren permanecer ocultos… y nos invita a encender la luz interior para atravesarlos.
«Cuando el mundo se oscurece, la intuición se convierte en faro.»

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