
El Sol no viene a juzgar nuestras sombras, viene a iluminarlas, y cuando la luz entra, el miedo pierde fuerza, la verdad encuentra espacio y el alma recuerda quién es.
En el momento de mayor luz del año, la pregunta no es qué quiero mostrar al mundo. La verdadera pregunta es ¿Qué necesito ver en mí? Porque solo aquello que somos capaces de mirar puede transformarse. Y porque, al final, ver nos hace Ser.
Todos nos hemos encontrado alguna vez en alguno de estos lugares:
😵💫 «Estoy bien», cuando no estamos tan bien
😵💫 «No me afecta», cuando sí nos afecta
😵💫 «Ya se pasará», cuando sabemos que hay algo que atender
😵💫 «No tengo miedo», cuando en realidad estamos asustados.
A veces no necesitamos más luz fuera. Necesitamos más honestidad dentro, porque es cuando dejamos de escondernos de nosotros mismos cuando comenzamos a conectar con nuestro verdadero Ser.
Cuando veo mi ansiedad, puedo gestionarla, cuando veo mi cansancio, puedo descansar, cuando veo una herida, puedo cuidarla, cuando veo una ilusión, puedo seguirla.
Lo que permanece en la sombra sigue influyendo en nuestra vida sin que apenas lo notemos, por eso, quizá el verdadero regalo del Solsticio de Verano no sea brillar más, sino atrevernos a iluminar aquello que llevamos demasiado tiempo evitando mirar, porque aquello que vemos con claridad deja de dirigir nuestra vida desde la oscuridad.
Para acompañar este momento de reflexión, os propongo un ritual sencillo:
🔥 Escribe en un papel aquello que llevas tiempo evitando reconocer
🔥 Léelo con calma y honestidad
🔥 Quémalo en tu caldero o en un recipiente seguro
🔥 Observa cómo el humo se eleva y pregúntate: ¿Qué cambia cuando dejo de esconder esto de mí?

Deja una respuesta