Hace apenas unos días pensábamos que ya estábamos instalados en el sol y el buen tiempo. Incluso celebrábamos marzo con un batido de fresas dulce y ligero, como si el invierno hubiera quedado definitivamente atrás. Y, sin embargo, de pronto el cielo cambia. Vuelven el frío, la lluvia, la sensación de que el clima todavía tiene algo que decir.
Algo parecido sucede también a nivel global. Vivimos tiempos de ruido, de tensiones constantes, de decisiones que parecen tomarse lejos de la vida real de las personas. Violencia, incertidumbre, precios que suben, sensación de que el mundo se vuelve un poco más difícil de habitar. La Torre aparece justo en momentos así. No como un castigo, sino como un recordatorio: aquello que parecía sólido quizá no lo era tanto. Aquello que dábamos por seguro puede cambiar en cualquier momento.
Cuando la Torre se sacude, nos quedamos fuera de nuestro refugio habitual. Y es precisamente ahí donde empieza el verdadero trabajo interior. Quizá este sea el momento de detenernos un instante. De observar nuestra vida sin juicio, con honestidad. Preguntarnos:¿Qué quiero realmente?¿Qué necesito para vivir con más serenidad?¿Qué puedo reconstruir desde mí mismo? Porque aunque no podamos controlar el caos del mundo, sí podemos decidir cómo respondemos a él.

La Torre derrumba estructuras…pero también deja el terreno libre para construir algo más consciente. Los problemas seguirán existiendo. La corrupción, la injusticia, la confusión colectiva no desaparecerán de un día para otro. Pero cada persona tiene la capacidad de detenerse, reflexionar y desarrollar la serenidad necesaria para atravesar la tormenta.
A veces el verdadero poder no está en evitar la caída…sino en aprender a reconstruir con más sabiduría.
La Torre aparece cuando aquello que parecía sólido se sacude.A veces la caída no es el final… sino el comienzo de algo más consciente.

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